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A cuatro manos



Hacía tiempo que no trabajaba en varias cosas a la vez. Es lo que tiene esto de dibujar y de escribir, hay periodos de calma chicha llenos de rayujos en las libretas, bocetos e ideas libres, con los que se disfruta un montón porque no están marcadas por las prisas ni por ningún tipo de presión. Pero después, de repente, aparece el Conejo Blanco de Carroll con el reloj de bolsillo colgando del chaleco y te dice aquello de "Dios mío, no voy a llegar", y todo es correr para entregar a tiempo lo que te han pedido.


Este dibujo es un trozo de uno de los que esperan ser terminados cuanto antes.
P.D. Esta entrada la escribí ayer, hoy ya tengo alguna cosica más entre manos. Nada, paciencia y poco a poco.

Gato por libre

Mis gatos me han invitado a escribir dos nuevas entradas en su blog: El mundo de los tejados y una vieja leyenda de una gata, y Morfeo.

Mis queridos árboles: la figuera


Frente a mi casa crece esta figuera, como se llama en mi tierra la higuera. Siempre estuvo aquí. Junto a la casa de mi abuela y antes de mis bisabuelos. Yo creo que esta figuera forma parte de la casa desde hace muchísimo tiempo. Me imagino y escribo aquí su historia:

"Hubo una vez, y de esto hace muchos siglos, un hombre bueno. Probablemente fuera un pastor. Un día decidió construir una casa. Eligió un lugar cercano a un río y próximo a las montañas. Sobre una colina, para que el aire limpiara el cielo a su alrededor. Cogió, una a una, las piedras del río. Y las fue colocando con paciencia y argamasa. Al cabo de unas semanas preparó las tejas con barro, y las fue colocando sobre las vigas de madera que pidió prestadas al bosque. Por cada tronco de noguera que utilizó, sembró dos semillas de nuevos árboles. Con las ramas hizo tablas para las puertas y ventanas. A partir de entonces, los genios que habitaban en esos árboles, pasaron a habitar la casa humana, y con el tiempo los llamaron duendes.

La casa estaba terminada. Y junto a la puerta, sobresalían del suelo unas débiles ramas grises terminadas en amplias hojas de un verde oscuro y brillante. Era el retoño de la figuera. Porque antes de comenzar a construir, muchos días antes, cuando decidió el lugar donde quería vivir, el hombre no se olvidó de los dioses ni de sus antepasados. Y con un puñado de tierra que traía de la antigua casa de sus padres, había preparado junto a la que iba a ser su casa, el lecho donde colocó un fruto: un higo de la figuera que crecía en el viejo huerto familiar.

Dicen que es el árbol de una buena diosa, Démeter la llamaron los griegos, la diosa madre, protectora del hogar y de los hijos, y de los frutos de la tierra. También es el símbolo de Dioniso, amante de la felicidad, el vino y la paz. En una higuera vivía la egipcia Nut, diosa del cielo y la reencarnación. Es el árbol de los dioses indios Vishnu y Shiva, el árbol bajo el que meditó Buda, y al que, injustamente, maldijo Cristo. Es la figuera, la diosa de mi casa".


Y ahora transcribo un poema hermosísimo de Juana de Ibarbourou:


LA HIGUERA

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.
Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos, que nunca
de apretados capullos se viste...

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
"Es la higuera el mas bello
de los árboles todos del huerto".

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡Que dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:
"Hoy a mí me dijeron hermosa".

Imagen de una exposición


Estoy terminando la ilustración que expondré en la muestra Estoesloquehay de este año. La exposición colectiva tiene como tema el hombre salvaje y se celebra en Sesué, junto a Castejón de Sos (Huesca).
Mirando la web me encontré esta imagen de la exposición del año pasado, dedicada a "Tesoros líquidos", o sea, al vino y al aceite. Las obras las colgamos en esa antigua almazara de Salas Altas. Con un poco de imaginación, como la de Pablo Pérez Terré, se pueden conseguir lugares tan evocadores para el arte como éste.
Mi ilustración es la que está colgada delante de la cabeza de la tercera mujer del grupo central (¿Serán las Tres Hilanderas?)